Balance crítico de la movilización del magisterio urbano nacional
Los objetivos de la movilización nacional del magisterio urbano fueron modestísimos: el rechazo a la nueva malla curricular, la exigencia de más ítems y horas para atender las necesidades mínimas de la educación, e incremento del presupuesto educativo. No se lograron los resultados esperados, en parte porque se cometieron muchos errores durante la organización y el desarrollo de la movilización docente.
Adoptando una actitud crítica sobre los errores cometidos, queda claro que en el proceso se proyectaron dos tendencias claramente diferenciadas. Una de ellas buscó limitar los objetivos de lucha al extremo de acomodarse a lo que el gobierno pudiera dar, y la otra, encabezada por la corriente trotskista, planteó generalizar la movilización estableciendo alianzas con otros sectores como única condición de victoria.
La tendencia conciliadora, capitaneada por dirigentes de la Confederación de Trabajadores de Educación Urbana de Bolivia (CTEUB) y respaldada por la Federación de Santa Cruz y otras regionales, bregó por recortar los objetivos generales de la lucha del magisterio para mantener el conflicto aislado y sectorial, en el entendido de que el gobierno cedería al menos migajas y posibilitaría una rendición con sabor a victoria. No entendieron que el Estado en quiebra no estaba en condiciones de ceder absolutamente nada.
- Congreso educativo, la consigna de masistas y reformistas
- Gobierno y burocracia urden una trampa para frenar la movilización nacional
La tendencia encabezada por el trotskismo propuso generalizar la movilización con la incorporación de otros sectores, ampliando los objetivos de lucha como la jubilación y la Gestora, el incremento de sueldos y salarios y la defensa de conquistas sectoriales, entre ellas los bonos de zona y frontera y el ascenso automático. En varios ampliados, los trotskistas pelearon para insertar esos objetivos en el pliego de peticiones, pero no les hicieron caso.

La profesora Vilma Plata destaca que el magisterio paceño fue el sostén de la movilización nacional.
También frustraron la generalización de la movilización la COB, las Centrales Obreras Departamentales y las organizaciones de padres de familia que actuaron como muro de contención y freno de cualquier intento de articulación de las luchas sectoriales. Premeditadamente impidieron la generalización del conflicto y alentaron la confrontación sectorialista. Sólo a último momento, cuando otros sectores laborales se manifestaron contra la Gestora y exigieron aumento salarial, la burocracia de la CTEUB convocó de manera desesperada a la movilización por salario y jubilación.
- La burocracia corrupta es el principal obstáculo para la lucha de los trabajadores
- La movilización del magisterio pone en jaque al gobierno y a la burocracia sindical
Algunas federaciones regionales, timoneadas por la Confederación, impulsaron los paros de 24 y 48 horas, sin tomar en cuenta que el descuento de sueldos, lejos de motivar la incorporación de la mayoría de las bases a la lucha, terminó asustando a amplias capas del magisterio, alejándolas cada vez más de la lucha callejera. El trotskismo advirtió en instancias nacionales del riesgo de declarar paros inoportunos, pero la burocracia tampoco escuchó.
Fue un error haber cedido a la presión de las regionales. Los paros debilitaron la lucha del magisterio y hasta pudieron conducirla a una catástrofe. El paro de 72 horas propuesto por sectores ultristas, que aparecieron en los últimos días del conflicto para pescar en río revuelto y ganar algunos votos, además de fracasar estrepitosamente, habría enfrentado a los maestros con los padres de familia.
La huelga de hambre y el tapiado
Como la experiencia enseña, la huelga de hambre no está orientada a ablandar los corazones de los gobernantes sino a interpelar a las bases para que se incorporen a la lucha, porque sólo la acción directa de las masas y su generalización tienen la fuerza suficiente para doblegar al gobierno. En esta línea, la huelga de hambre y el tapiado tardíos, cuando la movilización estaba en declive, sólo precipitó la conclusión del conflicto en las condiciones dadas.
La huelga de hambre y el tapiado descabezaron a las Federaciones y dejaron sin líderes a los maestros movilizados en las calles; sólo sirvieron para enfriar el conflicto. Los dirigentes nacionales debían ingresar al tapiado el viernes 5 de mayo, pero arbitrariamente postergaron el inicio de la extrema medida hasta el lunes 8 de mayo, cuando las delegaciones de luchadores del interior ya habían retornado a sus distritos.
El error de la corriente trotskista fue no denunciar públicamente las maniobras de la burocracia de la CTEUB desde el inicio del conflicto, cuando la dirigencia nacional se negó a incorporar en el pliego las reivindicaciones de aumento salarial, el ascenso automático, el trabajo ad honorem, el problema de la Gestora y otras demandas sectoriales, y priorizó sólo cinco puntos, entre ellos la convocatoria al Congreso educativo.
La dirigencia de la CTEUB asumió una posición ultrista al creer que los dirigentes tapiados lograrían lo que las bases no pudieron obtener en ocho semanas de movilización, confiando en que el tapiado sustituiría la acción directa de las masas organizadas. Los dirigentes nacionales del magisterio adoptaron el tapiado buscando una salida heroica del conflicto; en los hechos, la medida fracasó porque no logró incorporar a la lucha a los sectores que hasta entonces no se habían movilizado ni mucho menos impulsó la radicalización de las bases.
En resumen, la huelga y el tapiado resultaron ser la peor forma de terminar el conflicto, fue como echar agua al fuego o limón a la crema. La lección es que la movilización de las masas no puede ser suplantada por acciones heroicas o medidas desesperadas como la trágica inmolación del exminero Eustaquio Picachuri en 2004.
“Como corriente, no denunciamos las sucias maniobras de la burocracia y fuimos arrastrados al circo del tapiado. No tuvimos la firmeza de denunciar que la burocracia se negaba a incorporar demandas aglutinadoras al pliego para aislar al magisterio de los otros sectores. Sacrificamos la posibilidad de generalizar el conflicto por cuidar la unidad del magisterio”, reconoció el dirigente trotskista paceño José Luis Álvarez.
Magros resultados
Los resultados logrados, después de nueve semanas de persistente movilización, no satisfacen las expectativas de los movilizados. 2.500 ítems y 12.500 horas para todo el país y para los dos sectores (urbano y rural) no significan nada frente las múltiples necesidades de la educación.
En cuanto a la malla curricular rechazada por el magisterio, el Ministerio cedió al resignarse a la aplicación gradual, progresiva y “voluntaria”. Pero el logro político más importante de la movilización fue que puso al desnudo la incapacidad del Estado burgués para atender las necesidades más elementales de la educación y de todos los bolivianos, e indirectamente potenció a la corriente trotskista en el magisterio urbano nacional.
La Unión Revolucionaria de Maestros (URMA) que timonea las federaciones de maestros de Chuquisaca, Cochabamba, La Paz y Potosí, entre otros gremios nacionales y regionales, se ha potenciado a escala nacional como dirección política, mientras que el dirigente paceño José Luis Álvarez es reconocido por el gobierno de MAS como uno de los líderes de la reciente movilización nacional.
Al quedar en evidencia el Estado insolvente, los movilizados, a través de su vanguardia política, responden con planteamientos de incuestionable contenido antiimperialista y antiburgués, preservando la independencia política del movimiento frente a la derecha reaccionaria y al gobierno del MAS: nacionalización de las minas, monopolio estatal de la banca y de la producción y comercialización del oro, la recuperación de las tierras de manos de los latifundistas, etc.
La lucha del magisterio ha mostrado una clara perspectiva política al país: el actual Estado, debido a su incapacidad para resolver los problemas del atraso y la miseria, está conduciendo a Bolivia a la barbarie. Por eso hay que sepultarlo y construir un nuevo Estado basado en la propiedad social de los medios de producción, con un gobierno de obreros, campesinos y de la clase media pobre de las ciudades.
Con datos de Masas N. 2744.



