Lucha por el ascenso automático, camino para superar el declive de las movilizaciones del magisterio
Año tras año se repite el debate en torno a las limitaciones de los exámenes de ascenso de categoría y sobre la vigencia del ascenso automático, conquista inscrita en el Art. 42 del Escalafón del Servicio Educativo. Sin embargo, tanto la naturaleza de los exámenes como el verdadero sentido de la conquista del ascenso automático están impregnados por incomprensiones producto de los prejuicios propios del sector.
Acostumbrado a los viejos esquemas de las llamadas “pruebas objetivas”, anida en la conciencia colectiva del magisterio el criterio equivocado de que con este tipo de exámenes técnicamente bien elaborados se puede medir objetivamente los conocimientos y las experiencias acumuladas en el desarrollo de su actividad educativa.
Por otra parte, por ser ellos quienes exigen esta obligación a sus alumnos, creen que no pueden prescindir de estos exámenes para ascender de categoría; el gobierno, por su parte, usando esos prejuicios atávicos manipula la conciencia de los educadores induciéndoles a sentir terror a ser juzgados por la sociedad como incapaces, toda vez que pretenden levantar la consigna de los ascensos automáticos.
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La tarea de los sindicatos es superar los prejuicios señalados y que las bases lleguen a la conclusión de que los exámenes, en todas sus modalidades, obedecen a la naturaleza de la educación memorística, repetitiva, aislada de la realidad y de la actividad creadora del ser humano. Es por eso que están condenados a memorizar bibliografías ampulosas que no tienen nada que ver con su experiencia en el aula y frente a alumnos de carne y hueso. A todo esto se suman las manipulaciones del gobierno para limitar a su mínima expresión el porcentaje de aprobación con la finalidad de reducir el gasto fiscal.
También es tarea de las organizaciones sindicales legitimar la consigna del ascenso automático de categoría cada cinco años en el sentido de que es parte de una conquista universal de los trabajadores que perciben en forma de bono de antigüedad. Esta conquista está consagrada en todas las legislaciones sociales del mundo y, con buen criterio, el Reglamento del Escalafón hace referencia al ascenso automático como un reconocimiento a la antigüedad del maestro en el ejercicio de sus funciones, derecho que fue desconocido a partir de la incorporación de las categorías cero y mérito, después de promulgado el Reglamento del Escalafón.
El actual gobierno, como los anteriores llamados “neoliberales” y las dictaduras militares, con el silencio cómplice de la burocracia sindical, nunca pudieron dar razones legales del desconocimiento de este derecho para el magisterio nacional. Sólo los estalinistas, con el cinismo que les caracteriza, tejieron una falacia para asustar a las bases; argumentaron y siguen haciéndolo, en sentido de que exigiendo la vigencia de los ascensos automáticos se pone en peligro las categorías cero y mérito. Estos canallas olvidan que el mismo Estado burgués reconoce la irreversibilidad de las leyes sociales.
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No serán las negociaciones ni los estrados judiciales los caminos para reponer los ascensos automáticos de categoría; es preciso que los maestros lleguen al convencimiento de que, una vez superado el actual estado de declive en sus luchas, se pueda retomar -desde el punto más alto al que llegó la movilización nacional anterior y que terminó inconclusa por su aislamiento de los demás sectores- la acción directa que definirá la lucha en las calles superando las trabas de las direcciones burocratizadas y abiertamente serviles al gobierno.
Mitin de protesta por el ascenso automático


