Federación de Trabajadores de Educación Urbana La Paz – FDTEULP

Las reservas de gas tocan fondo, otro fracaso del rentismo masista

El “proceso de cambio” no cambio nada. Continuamos siendo un país capitalista atrasado, anclado históricamente a un crónico extractivismo y dependiente de las miserables rentas que dejan las transnacionales por el saqueo de nuestras riquezas naturales. La responsabilidad del desastre, ahora que el gas se hace gas, recae sobre todos los gobiernos de la burguesía vendepatria.

El gobierno neoliberal de Gonzalo Sánchez de Lozada-Carlos Mesa Gisbert chauchitó las empresas del Estado a precio de gallina muerta, entre ellas la principal empresa, YPFB, entregando las importantes reservas de gas que se habían descubierto a las transnacionales petroleras para que sea exportado a los EE.UU. vía Chile.

Mintieron en 2003 al afirmar que las reservas certificadas existentes alcanzaban los 54,9 TPC (Tera pies cúbicos = 1012 pies cúbicos) para justificar la exportación por Chile. La guerra del gas en defensa de este valioso recurso sacó al vendepatria gringo Sánchez de Lozada e impuso el IDH que el gobierno de Mesa se negó a decretar, y que finalmente las transnacionales tuvieron que aceptar porque aun así se trataba de un gran negocio.

Llegaron entonces los impostores del MAS con su falsa nacionalización, manteniendo a las transnacionales en el control de la explotación de los pozos sin exigirles siquiera que inviertan en la exploración de nuevos reservorios.

Despilfarraron los ingentes recursos provenientes de la venta de gas a Brasil y Argentina al estilo de “ahora que tenemos bien le cascaremos” y no movieron un dedo cuando a partir de 2014 comenzó la declinación de los pozos. La responsabilidad del desastre, ahora que el gas se hace gas, recae sobre todos los gobiernos de la burguesía vendepatria.

Desperdiciada una gran oportunidad

Luis Arce admite que las reservas de gas “han ido cayendo hasta tocar fondo”, y confirma la tendencia, en un futuro mediato, al agotamiento de las reservas gasíferas. Según fuentes gubernamentales de la época, en 2009 se tenía 20,4 TCF de reservas “comprobadas”; y en 2018, 10,7 TCF de reservas, según un informe de la canadiense Sproule International Limited.

Y, lo último, para el 31 de diciembre del año pasado, en cuanto a informes gubernamentales publicados en las “Notas a los Estados Financieros de YPFB – 2022”, el país contaría con solo 6,71 TCF de gas natural de reservas; desde entonces a la fecha ha bajado más todavía.

Teniendo gas para su exportación a Argentina hasta mediados de 2024 y para Brasil por contados años, dicen que está “garantizado” el gas para el consumo interno hasta 2030, que no es nada, tan sólo 6 años que pasan volando. El posible descubrimiento de nuevos pozos que anuncia el gobierno está en veremos. Nada se puede asegurar.

Por lo pronto, el Ministro de Hidrocarburos pidió al Legislativo que agilice la modificación de la Ley de Hidrocarburos 3058, flexibilizándola para hacerla más atractiva a la inversión extranjera y la aprobación de 3 contratos con petroleras en espera, ofreciendo jugosas ganancias para las transnacionales que se animen a invertir en exploración y producción.

El país se benefició de un inédito flujo de ingresos por concepto de la renta hidrocarburífera. En el periodo 2005–2019, el país recibió más de 42.800 millones de dólares, según datos oficiales, por concepto de renta hidrocarburífera, los cuales, lejos de promover el desarrollo de otros sectores económicos, profundizaron la dependencia fiscal de los ingresos provenientes de la explotación y exportación del gas.

Haciendo un balance de los beneficios que nos trajo este período de bonanza, la pregunta es ¿qué se hizo con los cuantiosos recursos que ingresaron al país? ¿Se aprovechó este ingreso extraordinario para transformar nuestra matriz productiva basada en la economía primaria? Definitivamente no.

Gasto superfluo, inversión en sectores improductivos y una corrupción generalizada a todo nivel demuestran que estos recursos se han dilapidado y despilfarrado. Una gran oportunidad para el desarrollo del país ha sido desperdiciada.

El “proceso de cambio” no cambio nada. Continuamos siendo un país capitalista atrasado, participando de la economía mundial como proveedores de materias primas. Anclados históricamente a un crónico extractivismo, dependiendo nuestras finanzas públicas de las miserables rentas dejadas por las transnacionales por el saqueo de nuestras riquezas naturales.

El sector industrial como generador de valor en bienes manufacturados no tiene un peso significativo en la economía nacional. El 60 % de los productos finales que consumimos los bolivianos y el débil aparato productivo es importado desde países desarrollados de la metrópoli capitalista y países vecinos. Sin lugar a dudas, ahí fueron a parar gran parte de las divisas que ingresaron al país en este período de bonanza, fortaleciendo procesos productivos externos ajenos al nuestro.

El “Modelo Económico Social Comunitario” del gobierno masista, pese a la propaganda demagógica, no cambia el carácter extractivista y rentista de nuestra economía, basado en la exportación de materias primas como fuente principal de ingresos del país.

Evo Morales y ahora Luis Arce son otros vendepatrias iguales que sus antecesores. Como parte de esta clase dominante incapaz de sacar a Bolivia del atraso económico, terminan reeditando esta orientación entreguista de su política de beneficio de los intereses imperialistas.

Ahora el masismo tiene puesto el ojo en la venta de las inmensas reservas de litio boliviano. El discurso “industrialista” y de “sustitución de importaciones” es pura demagogia para encubrir la política entreguista del litio, el oro, la plata, el gas, etc. a los países industrializados.

Es hora de que el pueblo trabajador y la clase obrera se convenzan de que el país no podrá nunca salir de su condición de atraso que implica miseria si no nos libramos de esta clase de parásitos mediante una revolución social que eche del poder a la burguesía vendepatria y establezca el gobierno obrero campesino y de todos los oprimidos.

Frente al fracaso histórico de la burguesía nativa, corresponde al proletariado dar una respuesta revolucionaria para liberar a la nación oprimida de los intereses de la metrópoli y abrir el camino a la verdadera industrialización y desarrollo integral de nuestro aparato productivo. Tarea pendiente que sólo puede ser consumada bajo la política revolucionaria y los métodos de la clase obrera.

Tomado de Masas N. 2760.