El cambio de ministros no modifica la política educativa
El fin supremo del gobierno del MAS es subordinar la necesidad pedagógica a las limitaciones de la crisis económica. La tendencia es mantener o reducir el miserable presupuesto de la educación, duplicando o triplicando las actividades del maestro en una suerte de flexibilización laboral.
Se ha posesionado un nuevo ministro de Educación en reemplazo del estalinista Quelca. Preservar las pocas conquistas de la educación en este país, cuya pésima calidad lo ubica entre los cuatro países más pobres del mundo, no depende del presidente Arce y de sus ministros; contrariamente, está determinada por factores objetivos que dependen del atraso del país, de la profunda crisis económica del sistema capitalista y de la incapacidad de la clase dominante para resolver los problemas nacionales, hechos que marcan a fuego la naturaleza de todo el aparato superestructural de la sociedad, incluida la educación.
Se ha escuchado el discurso del presidente Arce, ampliamente difundido por la prensa nacional, en el que se lamenta por la pésima calidad de la educación y, como de costumbre, culpa de esta calamidad a los diez meses del gobierno de transición.
Este discurso rebela la nula comprensión del autodenominado “académico” docente de la UMSA de lo que es el fenómeno educativo y la total ausencia de autocrítica de cómo la reforma educativa del MAS ha orillado a la educación en los límites de la barbarie.
Arce, como no entiende nada de educación, señala que el nuevo Ministro Pary, con su sabiduría y su gran experiencia en el manejo del aula, va a encarar correctamente el problema de cómo superar la mala calidad de la educación en todos sus subsistemas y niveles. Y cuando habla de la formación de profesionales en las universidades, anuncia que convocará a una reunión de todos los rectores de las universidades públicas para superar la pésima calidad de la educación superior.
Sin embargo, en este rosario de incomprensiones que ronda en la cabeza del “académico” Arce, subyacen ideas muy graves, entre ellas, el de querer someter de manera fascista al magisterio con actividades insulsas que en nada incidirán sobre la calidad educativa y, por otra parte, meter las sucias manos de los politiqueros del MAS en el manejo de la autonomía universitaria en abierta complicidad de las camarillas docentes.
El fin supremo para el presidente Arce es subordinar la necesidad pedagógica a las limitaciones de la crisis económica; en esta medida, la tendencia es mantener o reducir el miserable presupuesto de la educación, duplicando o triplicando las actividades del maestro en una suerte de flexibilización laboral, suprimiendo paulatinamente los beneficios y las garantías que otorga el Reglamento del Escalafón del Servicio Educativo.
A esto se reduce la política educativa del gobierno, tan miserable y destructiva como ya intentaron materializar los gobiernos neoliberales del último decenio del siglo pasado con la reforma educativa impuesta por el Banco Mundial para toda América Latina y cuyo eje central fue la privatización de sectores importantes de la educación por la vía de la descentralización y municipalización.
Los gobiernos del MAS ya han avanzado bastante en este sentido al transferir a los gobiernos departamentales y municipales insolventes competencias como construir y mantener los locales escolares, equiparlos y transferir gradualmente tanto a los municipios como a los padres de familia la obligación de pagar sueldos al personal docente, administrativo y de servicio, que son incorporados al sistema educativo sin ítems del Estado, etc.
Corresponde al magisterio organizado y a los padres de familia parar en seco esta política educativa destructiva si se quiere mantener el servicio gratuito en beneficio de las grandes mayorías pobres de este país. Hay que desenmascarar esa impostura de que el presidente Arce ha inaugurado “el año de la recuperación de la educación para los pobres”. Si se quiere salvar en algo la poca calidad que le queda a la educación es obligando al gobierno a incrementar sustancialmente el presupuesto educativo, de tal modo que se pueda atender las necesidades básicas del sistema de la educación fiscal.
Tomado de Masas N. 2678.
