Sindicatos en peligro y el país a la deriva por la angurria de dos pandillas del MAS
Se suspendieron las clases en los colegios de Santa Cruz porque el aire ya es irrespirable a causa de los descontrolados incendios forestales, agravados por la sequía y los cambios drásticos del clima. En el Altiplano, valles y el Chaco, la sequía está acabando con la agricultura y ganadería de los pequeños productores. Mientras tanto, el gobierno de Arce y el MAS luchan por quién será el candidato en las elecciones de 2025.
En algunos sectores populares y laborales surge la preocupación en sentido de que la división del MAS ocasionaría el retorno de la vieja y odiada derecha al poder en 2025. Pero, la crisis masista no se debe a un supuesto potenciamiento de la derecha; la derecha tradicional recibió una estocada mortal en el levantamiento insurreccional de masas en 2003, y hasta la fecha no se ha podido recuperar.
La situación de actual agonía del masismo se debe a que demostró, a lo largo de 17 años de gobierno, su incapacidad para superar el atraso económico precapitalista de la economía boliviana, profundizando su endémica economía extractivista y exportadora de recursos naturales sin valor agregado. También fue incapaz de liberar a la nación oprimida del imperialismo, y a las nacionalidades oprimidas del sometimiento de la nación opresora blancoide.
El MAS tampoco ha cambiado la vida de los explotados bolivianos; el atraso, el hambre y la miseria siguen campeado en todas las regiones del país. En su lugar, el cáncer de la corrupción ha hecho metástasis en todos los niveles gubernamentales y partidarios.
Hoy en día la pelea entre masistas no es ideológica ni programática, sino una pugna por la mamadera del Estado que empuja a las dos fracciones al despeñadero. Si bien políticamente la derecha está en la lona, no es la misma situación de los empresarios, terratenientes, banqueros, cooperativistas auríferos y capitales extranjeros en el país. Como clase dominante, su poder económico no sólo que está intacto en este período de “proceso de cambio”, sino que se ha potenciado y enriquecido al máximo, por las políticas procapitalistas del gobierno de Evo Morales y Luis Arce.
El “Modelo Económico Social Comunitario” del MAS no afectó sus intereses. De los aproximadamente 45.000 millones de dólares que ingresaron en la “época de la bonanza” (2006-2022) por el gas exportado, gran parte fue a parar a las arcas de estos privados.
Sin lugar a dudas, los dueños del capital continúan manejando las riendas de la economía nacional, al igual que en el período neoliberal de fin del siglo XX. Gozan de buena salud incidiendo en las políticas económicas más importantes que aplica el actual gobierno.
El masismo impostor, por ser falso socialista, ejecuta, en esencia, las mismas políticas que aplica y aplicaría si retornara al poder la derecha tradicional. Por eso no se puede señalar que el gobierno del MAS es un gobierno de los trabajadores.
En las elecciones presidenciales de 2025 todos los frentes derechistas y los masistas, divididos o unidos, ofrecerán un mismo programa político y económico: la defensa de la gran propiedad privada burguesa nacional y extranjera, y la firma de masivos contratos con transnacionales que profundizarán el saqueo de nuestros recursos naturales.
Los riesgos de la pugna masista
Día que pasa y se acerca el año electoral de 2025, la pelea entre politiqueros ambiciosos de las dos facciones masistas se hace cada vez más belicosa. Ciegos por el odio y por la angurria de poder, “evistas” y “arcistas” ya no miden las consecuencias de sus actos; hoy en día debilitando al movimiento campesino nacional y de seguro que mañana, infectando con la lacra del paralelismo al movimiento obrero asalariado y demás organizaciones de la clase media empobrecida.
Sin exagerar un ápice, podemos advertir públicamente el peligro al que están expuestos los entes matrices, en cuanto a su integridad y a su unidad, conquistas celosamente defendidas a lo largo de la historia del movimiento obrero y popular boliviano. Esta posibilidad debe ser parada en seco por los trabajadores del país.
Debemos impedir que esta pugna entre politiqueros masistas derrame sangre de los explotados. Defendamos la salud de nuestros sindicatos, que hoy en día se encuentran secuestrados por una burocracia sindical corrupta y servil por conveniencia al Poder Ejecutivo, usurpando la representación de las bases para poner las organizaciones clasistas en bandeja de plata al servicio del gobierno masista y sus políticas proburguesas y antiobreras.
El país marcha a la deriva. No se puede esperar casi nada de las autoridades del gobierno central, o de la oposición parlamentaria. Los trabajadores debemos exigir soluciones al gobierno y a los empresarios; que se garantice la estabilidad laboral, no a los despidos, creación de nuevas fuentes de trabajo y control obrero colectivo de las empresas del Estado y privadas, para combatir la corrupción de los politiqueros que manejan el Estado y el abuso de los patrones.
Rechazamos la desforestación y las quemas con fines de ganancias privadas; exigimos al Estado (Gobierno, gobernación y municipios) que garanticen suficientes recursos para la generación natural de agua dulce, para guardabosques de áreas protegidas y parques nacionales, y para los bomberos que combaten los incendios.
Tomado de Masas N. 2766.