Trabajadores de Educación Urbana de La Paz – FDTEULP

La agonía del MAS

La lucha interna del MAS adquiere cada día mayor virulencia. Todo indica que la ruptura entre evistas y arcistas es irreversible. Las acusaciones mutuas sacan a la luz los trapitos sucios de los masistas en el poder y ponen en evidencia la corruptela de sus gobiernos, hundiéndolos más.

La censura al Ministro de Gobierno en el Parlamento fue posible por el voto de la fracción evista. La ratificación de Castillo por el presidente Arce se constituye en la definitiva ruptura entre ambas fracciones al interior del MAS. En el acto de reposesión como ministro al censurado, Arce se justificó señalando que lo hizo en estricto cumplimiento de la Constitución Política del Estado. Según él, obedeció al mandato constitucional al destituirlo como efecto de la censura parlamentaria y luego, usando su atribución también constitucional, volvió a nombrarlo como ministro, por tratarse de una persona de su absoluta confianza.

Se trata de una actitud desafiante contra Evo Morales. Lo hizo consciente de que tiene la sartén por el mango porque el uso de los recursos del Estado le ha permitido controlar a las direcciones de los sectores obreros y sociales más importantes del llamado Pacto de Unidad (COB, FSTMB, interculturales, la mayoría de CSUTCB, casi a todas las centrales obreras departamentales, Bartolinas, etc.) y a que el debilitado Evo Morales se encuentra enjaulado en el trópico cochabambino sin muchas posibilidades de ampliar su influencia política al resto del país.

Al parecer, a Arce no le preocupa mucho el tener un parlamento adverso con la alianza de facto entre la oposición de la vieja derecha con la fracción de Evo Morales. Alianza que estaría apuntando al descabezamiento del Órgano Ejecutivo (Senador Loza, evista: “Si hemos sido capaces de tumbar al golpe de Estado, a estos traidores también vamos a tumbarlos”), que amenaza con impulsar juicio de responsabilidades al mismo presidente y estaría decidida a sabotear la aprobación de nuevas leyes orientadas a controlar la crisis económica hasta 2025.

¿Acaso Arce está apuntando a neutralizar al Parlamento sacando a los sectores sociales a las calles o comprándose con talegazos de plata a los oportunistas que fungen como padres de la patria y miembros del Órgano Electoral? No importa, ambos caminos están expeditos, Arce tiene en sus manos el poder del Estado.

La guerra a muerte se ha desatado. Ahora Evo dice tener información sobre un tráfico de 17 toneladas de droga bajo protección del Gobierno, y éste lo emplaza a que formalice la acusación y presente pruebas. Con seguridad en el futuro inmediato los bolivianos seremos espectadores de un circo grotesco donde los politiqueros harán gala de su pobre imaginación para ejecutar torpes maniobras con la finalidad hundir al oponente.

La batalla girará en torno al control de la sigla y orientada a desmitificar la imagen del caudillo de barro que ellos mismo fabricaron en el pasado. Símbolo y sigla se convertirán en el botín codiciado de las fracciones en pugna.

Evo Morales ya ha oficializado ante el Tribunal Supremo Electoral la convocatoria a Congreso del MAS para octubre en Lauca Ñ, y portavoces de los arcistas cuestionan la legitimidad del congreso porque la directiva “se prorrogó por seis años”. Los estatutos indican que la cúpula debe ser renovada cada dos años. Es poco probable que se dé un congreso donde participen ambos sectores en pugna; lo más probable es que funcionen dos congresos donde los caudillos se expulsen mutuamente.

¿Una farsa?

Sin embargo, hay quienes creen que todo es una farsa montada por el maquiavelismo masista, especialmente desde la oposición de la vieja derecha, y que a la hora de la verdad acabarán uniéndose para las elecciones de 2025 a fin de no soltar el poder. Es una posibilidad que no se puede descartar; pero la crisis del MAS no es de ningún modo un teatro montado, es la expresión de su total agotamiento político y por ello, su destino es acabar haciéndose astillas.

El MAS no es un partido político programático, es una bolsa de indigenistas e izquierdistas reformistas proburgueses; todos unos sinvergüenzas ávidos de hacerse ricos a costa del Estado en nombre de las mayorías indígenas e “interculturales” mestizas, aprovechándose de la ilusión que el origen indígena-campesino del cocalero Evo Morales despertó en ellas, después de cinco siglos de opresión heredada desde la colonia. Esa ilusión se ha agotado y con ella el sustento político del MAS.

En octubre-noviembre de 2019 lo que hubo fue una rebelión a nivel nacional de amplios sectores de la pequeña-burguesía impulsada desde las capas altas de la pequeña-burguesía enarbolando la “defensa de la democracia” contra las arbitrariedades del masismo, que se limpió el trasero con el resultado del referéndum de febrero de 2016 que rechazó la re-re-elección de Evo Morales, y el fraude evidente en las elecciones de 2019.

Cuando Evo, riéndose de las pititas con que las damas de los barrios altos y sus hijitos bloqueaban las calles, convocó a los explotados a salir a defender a “su gobierno” se encontró con que no hubo respuesta, la desilusión política de las masas se hizo patente, lo que no significa que estuviesen del lado de la conspiración derechista capitaneada desde el Comité Cívico pro Santa Cruz y el facho Camacho.

El gobierno se derrumbó y Evo tuvo que escapar queriendo justificar su huida instruyendo a Guarachi que le pida su renuncia a nombre de la COB y el Pacto de Unidad para “pacificar al país”, y a todas las autoridades de gobierno a renunciar seguramente con la intención de provocar un vacío de poder que se resuelva pidiendo su regreso.

El vacío de poder fue resuelto a favor de la vieja derecha que forzó una “salida constitucional” y se encaramó en el poder con el gobierno de transición de la Sra. Añez. Sólo entonces reaccionaron parte de las bases masistas populares que quedaban al grito de “ahora sí, guerra civil” y que fueron brutalmente reprimidas.

Improbable “unificación”

La unificación del MAS con la perspectiva de presentar una candidatura imbatible para las elecciones de 2025 es una propuesta propiciada por algunos masistas que sostienen que profundizar la crisis provocaría una derrota catastrófica, no a las ambiciones personales de Morales y de Arce, sino al “proyecto político” que -según ellos- está destinado a salvar a Bolivia del colonialismo.

Entre los propiciadores internos está el bellaco de García Linera y otros oportunistas de la clase media que no quieren perder la oportunidad de seguir mamando de los puestos y de las arcas del aparato estatal. A nivel internacional, los gobiernos reformistas del “socialismo del Siglo XXI”, encabezados por Cuba, se muestran preocupados porque temen perder una ficha en el tablero político diplomático del continente, útil frente a los yanquis.

En este sentido, Díaz Chanel, gobernante de Cuba, ha propiciado un encuentro entre Morales y Arce en la Isla, esperando que ambos superaran sus diferencias para luego sellar la unidad en Bolivia. Al parecer, el intento ha sido fallido porque los protagonistas, cada cual por su parte, han eludido una respuesta clara a las preguntas de la prensa sobre los resultados de esa reunión. Por otra parte, los operadores internos del proyecto en el país, han logrado que Morales y Arce se encuentren en la clausura de un programa deportivo en Villa Tunari y todo ha terminado en un apretón de manos, sin referirse para nada a la añorada unidad.

¿Qué razones de fondo existen para que no se supere la crisis interna del MAS? ¿Acaso es sólo la megalomanía crónica de Morales que no quiere cederle el paso a Arce para que sea reelecto como presidente? Probablemente lo segundo sea un factor, pero no el más importante que se sustente en la posibilidad de que el caudillo termine embridando apasionadamente a sectores mayoritarios de esa montonera que es el MAS.

Los hechos están mostrando que el caudillo tiene la figura muy desgastada y su poderío se reduce al bunker del Chapare con poquísima resonancia en el resto del país; la mayoría se rebela contra Morales porque Arce le promete mejores posibilidades de pegas en el Estado, pero también porque aquél no le ofrece seguridad en las próximas elecciones.

La causa real de la irreversibilidad de la crisis interna del MAS es otra; esa montonera de hambrientos ha crecido tanto que los pocos cargos y los limitados recursos económicos del Estado ya no abastecen para satisfacer las ambiciones de todos, y fatalmente termina en la lucha encarnizada y bárbara por el botín entre ellos.

Se organizan en camarillas rebeldes desde abajo y en grupos de poder desde arriba, dispuestos a sacarse las entrañas. Esta lucha no se limita solamente a las cúpulas que sueñan con ser ministros, diputados, senadores, supremos de las cortes de justicia y electorales; también se presenta más abajo en torno a las gobernaciones, a los municipios, a los corregimientos, a las direcciones de proyectos económicos, educativos y de la salud; los contendientes se tornan en miles de hambrientos, y es imposible de satisfacer a todos.

Esta es la causa principal de la imposibilidad de una “reunificación del MAS”. Las intenciones unificadoras, si es que existen, chocaran con esta realidad. El MAS está pagando caro el haber sustituido un programa por caudillos de barro. Su muerte es irreversible.

Jamás saldremos del círculo vicioso de la pugna entre las corrientes políticas burguesas históricamente agotadas si no logramos que el proletariado se coloque a la cabeza del conjunto de los oprimidos y explotados con su propia perspectiva: el gobierno obrero-campesino y de todos los oprimidos que acabe con la burguesía inútil e instaure el socialismo asentado en la propiedad social de los grandes medios de producción.

Tomado de Masas N. 2751 y 2752.