La clase media y la independencia política frente al Estado, al gobierno y la clase dominante
En el seno del magisterio urbano surgen tendencias reformistas que enarbolan la independencia sindical, pero vaciándola de contenido revolucionario. Esta deformación reaccionaria que postula el apoliticismo en los sindicatos se emparenta con la política que el imperialismo ha desarrollado a nivel internacional bajo el rótulo del sindicalismo libre.
La pequeña burguesía, comúnmente llamada clase media, se encuentra ubicada entre las clases polarmente opuestas en el capitalismo: el proletariado y la burguesía. Desarrolla una política oscilante entre estos dos extremos de la lucha de clases; en los momentos de gran tensión social suele ser ganada por la política proletaria, especialmente en los países capitalistas atrasados como Bolivia, porque se trata de una clase que, en las condiciones de atraso del país, en su gran mayoría está siempre insatisfecha, llena de carencias y por ello políticamente explosiva, aunque sin ninguna posibilidad de ascender hacia la burguesía.
En circunstancias en que el proletariado no ejerce ninguna presión sobre ella, oscila hacia la política burguesa en la ilusión de que la precaria estabilidad económica le pueda abrir el camino de la prosperidad. Así actúa por su condición de ser pequeña propietaria de medios de producción o de vida en un momento en que el capitalismo, en su etapa imperialista, ha cerrado todas las posibilidades de un desarrollo de las fuerzas productivas y, por tanto, de la posibilidad de que pueda asimilarse –en algún momento de su desarrollo- a la burguesía.
En la actual situación del proletariado, principalmente del minero, que desarrolla un colaboracionismo con el gobierno proburgués del MAS, cuyas organizaciones sindicales como la COB, la FSTMB y casi todas direcciones nacionales burocratizadas de los diferentes sectores, se han convertido en operadoras políticas del oficialismo, el trotskismo desde las federaciones del magisterio urbano que dirige, ha desarrollado una furiosa campaña sobre la necesidad de la independencia política de las organizaciones sindicales frente al Estado burgués y al gobierno, campaña que rápidamente se ha generalizado en las bases del sector debido a la creciente repulsa que sienten contra el gobierno y la burocracia sindical traidora.
En medio de esta situación, durante el XXVI Congreso Ordinario del magisterio urbano y mucho antes, han aparecido tendencias reformistas y oportunistas que han enarbolado formalmente la misma consigna, pero vaciándola de contenido revolucionario.
La deformación de la consigna radica en que pretenden conducir la consigna hacia el apoliticismo de los sindicatos. Durante el Congreso, estas tendencias oportunistas han repetido la idea de que en los sindicatos se debe erradicar no sólo la acción del gobierno sino también de todos los partidos políticos. El ataque se ha centrado contra el POR y el PCB por igual, en un ambiente en que el rechazo al oficialismo estaba dirigido contra el PCB y las diferentes astillas del MAS.
Esta deformación es reaccionaria y se emparenta con la política que el imperialismo ha desarrollado a nivel internacional bajo el rótulo del sindicalismo libre. La concepción de los sindicatos apolíticos significa la negación de la lucha de clases, de la posibilidad de que el proletariado pueda desarrollar, desde los sindicatos y desde su partido político, una política revolucionaria orientada a acabar con régimen de la gran propiedad privada de los medios de producción.
Los apologistas de los sindicatos apolíticos, ¿a dónde pretenden conducir a la CTEUB? Intentan proscribir la política revolucionaria del proletariado del seno del magisterio urbano que, en lenguaje más directo quiere decir, proscribir al trotskismo del sector.
Esta tarea que tanto empeño han puesto en cumplir los gobiernos derechistas de turno, ahora los oportunistas que gustan llamarse “independientes” pretenden materializarla desde el seno mismo de los sindicatos del magisterio; pero son demasiado miserables como para cumplir semejante misión soñada por el Estado burgués.
La única vez que la CTEUB pueda desarrollar una verdadera política independiente frente al Estado, al gobierno y a las expresiones políticas de la clase dominante es cuando el trotskismo, que enarbola el programa proletario, sea dirección del magisterio boliviano.
Recuperar la conciencia de clase conquistada hasta 1971
La lucha de clases es un proceso que pasa por diferentes etapas de trasformación de la conciencia de clase del proletariado y de su capacidad de ganar en favor de su política a las otras clases oprimidas de la sociedad (campesinos y clase media empobrecida).
En el presente caso boliviano, el proletariado no logra superar plenamente las consecuencias de su retroceso político que inicia después del golpe de estado de Banzer y se profundiza en 1985 cuando el Estado burgués busca la solución a la crisis estructural del capitalismo por la vía del desastre.
Aplica el Decreto Supremo 21060 privatizando todas las empresas del Estado, aplica una rigurosa flexibilización laboral que favorece al empresariado boliviano y a las transnacionales imperialistas, cierra las minas estatales y despide a miles de obreros (la llamada relocalización) asestando un duro golpe sobre la vanguardia del proletariado boliviano. El minero cae luchando desesperadamente por preservar sus derechos y sus conquistas políticas, económicas y sociales.
Con la reapertura de las minas del Estado (Huanuni y Colquiri) y del sector privado con la recuperación de los precios de los minerales en el mercado mundial, los jóvenes proletarios, ya no son los mismos que aquellos otros imbuidos por la Tesis de Pulacayo en la lucha anterior.
Estos nuevos aparecen en el escenario casi sin ningún contacto con la tradición revolucionaria de su clase y se produce el retroceso lamentable en su conciencia de clase; éstos realizan ahora una franca política colaboracionista con el Estado burgués en la creencia de que por este camino van a resolver los problemas de su sector; de la misma manera, el nuevo proletariado fabril, víctima de la flexibilización laboral, también diezmado en la crisis del 85 y ahora en la pandemia, no logra recuperarse como clase para defender sus derechos hoy afectados por la nueva crisis del capitalismo y vienen recorriendo caminos extraviados confiados en el legalismo burgués, abandonando su propios métodos de lucha (la acción directa).
Es en este contexto de grave retroceso de la lucha de clases que surge como una necesidad imperiosa la consigna de la independencia política de las organizaciones sindicales frente al Estado burgués, a sus gobiernos y a las expresiones política de la clase dominante. Consigna que tiene la finalidad de acelerar el proceso del reencuentro del proletariado con la conciencia de la clase ganada en el gran proceso de ascenso que empieza en la década del 40 del siglo pasado y se extiende hasta 1971; este período de grandes saltos en la conquista de la conciencia de clase nos deja documentos de gran importancia como la Tesis de Pulacayo, la tesis socialista del IV Congreso de la COB, las Bases Constitutivas de la Asamblea Popular de 1971.
Estos documentos y otros son la herencia que el proletariado actual tiene que re asimilar para dar saltos en el desarrollo de su conciencia; así llegamos a la conclusión de que la conciencia de clase nunca se pierde, aunque puede retroceder para luego dar saltos en el proceso de su recuperación.
De lo dicho anteriormente sacamos la conclusión de que los sindicatos obreros sólo pueden llevar a la práctica la independencia política de sus organizaciones sindicales frente a la política de la clase dominante si y sólo sí, parte del desarrollo de su propia conciencia de clase, o sea, cuando el proletariado está en el tránsito de su transformación de clase en si en clase para sí, en el camino de la organización en su propio partido político, el POR.
Entendida de esta manera, esta consigna juega el papel de gran palanca que impulsa a que la clase dé saltos en su reencuentro con la conciencia anteriormente ya ganada.
Tomado de Masas N. 2709.


