Dos décadas de traiciones burocráticas, la causa del estancamiento del magisterio
A pesar de las constantes movilizaciones de las federaciones departamentales y regionales en la sede de gobierno, el magisterio nacional urbano no ha logrado conquistar reivindicaciones significativas en las últimas dos décadas. Este fracaso, y el consecuente desánimo de las bases, no es casual; es el resultado de un cambio cualitativo en la dirección de la lucha. En el pasado, el magisterio boliviano articulaba sus demandas como el incremento salarial de acuerdo a la canasta familiar, la defensa del Escalafón y la estabilidad laboral en unidad con todos los trabajadores y la COB. En aquel entonces, el sector se convertía en el eje articulador de la lucha para mineros, campesinos y el conjunto de los explotados. Esa unidad combativa dio como fruto los bonos actuales, la vigencia de la educación fiscal a cargo del Estado y la estabilidad del Escalafón del Magisterio.
La capitulación ante el Estado y la política de las «migajas»
Bajo los gobiernos del MAS, las direcciones sindicales tanto las oficialistas como aquellas falsamente «independientes» han supeditado la lucha de las bases a la política del gobierno de turno. Se ha abandonado la movilización general por una política de «migajas» y demandas puramente sectoriales que fragmentan la unidad de los propios trabajadores de la educación. Estas demandas se limitan a horas para especialidades o niveles específicos, rompiendo la cohesión del sector.
Como respuesta a estos objetivos mezquinos, el gobierno se ha limitado a otorgar concesiones mínimas sin atender las necesidades básicas del magisterio como el ascenso automático, incremento salarial para todos los maestros. La burocracia utiliza estas «migajas» para negociar horas y bonos de zona exclusivamente para sus militantes, dejando en el olvido a las bases. En lugar de paralizar el país con medidas de presión efectivas, la burocracia ha sustituido la huelga general por «caravanas» simbólicas, aislando al magisterio del resto de la clase obrera, los explotados del país.
Crisis de dirección y desmantelamiento de las conquistas
El balance de los últimos 20 años revela una profunda crisis de dirección. La causa fundamental radica en la asimilación de las direcciones sindicales al aparato del Estado burgués. Este «practicismo» de los dirigentes es, en realidad, una careta para el prebendarismo: mientras las bases sufren el recorte presupuestario, reordenamiento, bajos salarios la élite sindical utiliza las conquistas como moneda de cambio para favorecer a sus allegados y mantener un estilo de vida ajeno al del maestro de base.
Esta dirección prebendal ha permitido el desmantelamiento del Escalafón, con modificaciones en las compulsas, institucionalizaciones aceptando designaciones directas y el empoderamiento de juntas escolares controladas por el Estado. Los dirigentes gozan de dietas privilegiadas y trafican con ítems, horas y bonos de zona como si fueran un botín político. La desilusión actual de los maestros no es una apatía innata, sino un rechazo legítimo a una dirección corrupta y entreguista que ha sustituido la movilización radical por la negociación de pasillo.
La tarea histórica: Recuperar el sindicato
La salida a esta crisis exige la recuperación de la organización sindical mediante la democracia obrera. Es imperativo expulsar a la burocracia para poner al sindicato nuevamente al servicio de las bases y de la lucha de clases. El objetivo debe ser transformar los sindicatos en herramientas de combate que unifiquen nuevamente a los explotados contra la política hambreadora del gobierno.

