Federación de Trabajadores de Educación Urbana La Paz – FDTEULP

Logros y perspectivas de la movilización del magisterio urbano boliviano

Trabajadores del magisterio urbano de todo el país se movilizaron en la sede de gobierno desde el 6 de marzo de este año, para defender la educación fiscal y las conquistas sociales del gremio. La épica movilización marcó el fin de un ciclo conservador en el magisterio urbano nacional, que por más de una década se mantuvo dormido, tal vez ilusionado con las promesas del “proceso de cambio”.

El magisterio paceño comenzó a despertar a fines de 2022, con la lucha por el ascenso automático y el reconocimiento de su dirigencia sindical. La movilización fue creciendo con demandas concretas, entre ellas el pago del trabajo ad honorem, la defensa de los ahorros para jubilación y el rechazo a la malla curricular improvisada.

La protesta se masificó en marzo y abril de 2023 con el arribo a La Paz de cuatro caravanas de trabajadores de base de las 31 federaciones departamentales y regionales del magisterio urbano. Más de nueve semanas de persistente lucha, multitudinarias movilizaciones, bloqueos callejeros y dos piquetes de huelga de hambre conmocionaron a la sede de gobierno.

El gobierno del MAS pretendió aislar al movimiento docente y enfrentarlo con la sociedad recurriendo a mentiras y calumnias, pero cayó derrotado en el debate público. Con sólidos argumentos y la verdad como estandarte, el magisterio logró el apoyo de la población en general y la adhesión de padres de familia de base, y así pudo fracturar a las juntas escolares serviles el MAS.

Los maestros derrotaron la millonaria campaña de desprestigio y la guerra sucia orquestada por el Poder Ejecutivo, medios de comunicación paraestatales y un ejército de mercenarios en redes sociales, y pusieron otra vez en figurillas a la Ministra de Trabajo mentirosa, al demostrar que ningún maestro egresado gana 7 mil bolivianos.

Radicalización

Fueron nueve semanas de dura movilización de un sector laboral que, después de muchos años de postración, acaba de incorporarse. Su radicalización emerge del malestar generalizado por las consecuencias de la crisis económica y del empeoramiento de las condiciones de vida y de trabajo por la imposición de una administración escolar cada vez más vertical y abusiva, con franco desconocimiento de las conquistas más importantes del magisterio como el Escalafón Nacional del Servicio Educativo.

La movilización tuvo modestísimos objetivos como el incremento del presupuesto educativo, ítems para el crecimiento vegetativo de la población escolar, horas para saldar una monstruosa deuda histórica que obliga a los maestros a trabajar sin paga y el rechazo a una malla curricular sin financiamiento alguno.

Durante las nueve semanas de lucha se esperó y trabajó por la incorporación de otros sectores sin éxito, porque el malestar social no había logrado avanzar al punto de materializarse en acción directa. Los maestros sólo podrían lograr la victoria en el marco de una gran movilización general y llegó el momento en que varios factores, como el cansancio de los combatientes, la creciente acción represiva del gobierno, el peso negativo de los descuentos por los días de paro que atemorizan a los sectores menos movilizados, motivaron un claro declive en el movimiento, obligando a al VIII Ampliado Nacional a suspender el tapiado de tres principales dirigentes de la Confederación y el piquete de huelga de hambre de los ejecutivos departamentales en la ciudad de La Paz.

Entre las resoluciones del ampliado se señala: “… Dejamos en claro al gobierno que, a pesar del maltrato, de la represión, el amedrentamiento, seguiremos unidos, de pie nunca de rodillas y comprometidos para seguir luchando por las justas demandas de la educación del pueblo boliviano”.

El ampliado condenó la conducta traidora de los dirigentes de la COB; repudió la actitud represiva de las autoridades del Ministerio de Educación y dispuso que los ejecutivos departamentales bajen a las bases para organizar las siguientes arremetidas contra el gobierno incapaz.

Flota en el ambiente la idea fija de que la lucha no ha concluido con el levantamiento de los tapiados y del piquete de huelga de hambre, a pesar de los miserables resultados arrancados a un gobierno inútil. Se trata apenas de un momento de recuperación de las fuerzas cansadas para volver a emprender una nueva arremetida más fuerte acompañada por la generalización de las movilizaciones de otros sectores. Este sentimiento en los combatientes no denota los rasgos de una derrota; contrariamente, se apodera de ellos la idea de la unidad como el mensaje de la confianza del sector para continuar la lucha.

Los maestros urbanos de Bolivia pusieron en evidencia los desastrosos resultados de la reforma educativa del MAS y de su “modelo económico” rentista y depredador que deja un Estado en quiebra. Desenmascararon al presidente Luis Arce, quien juraba y rejuraba que la economía nacional estaba “blindada”, y desnudaron al gobierno vendepatria que pretende asaltar los ahorros para la jubilación, después de décadas de bonanza económica, despilfarro insulso y escandalosa corrupción.

Si no se han logrado grandes avances en los objetivos trazados, se ha dado un gran salto político en la conciencia de los actores y también del país; la movilización ha tenido la virtud de desnudar la incapacidad no sólo de un gobierno impostor sino también el agotamiento total del Estado burgués. Éste ya no puede ofrecer nada a los explotados y oprimidos de este país, sólo miseria y atraso.

Aunque no obtuvimos todo lo que pedíamos, desechamos la malla curricular improvisada y salimos unidos y fortalecidos del conflicto. El magisterio urbano se ha convertido en la vanguardia del sindicalismo digno porque es el único gremio que no fue cooptado por el gobierno del MAS. La población aplaude el despertar de este gremio referente máximo de la independencia política de los trabajadores, y sepulturero de la prostituida burocracia de la COB.

El magisterio urbano se repliega temporalmente para planificar la próxima batalla contra la privatización de la educación fiscal, en defensa de los ahorros para la jubilación, y para exigir el pago del trabajo ad honorem, que asciende a más de 248 millones de bolivianos al mes.

Flota en el ambiente la idea de que para superar este calamitoso estado de cosas no queda otro camino que construir un nuevo Estado de obreros y campesinos basado en la propiedad social de los medios de producción. La necesidad de la revolución social se presenta como posible y urgente para salvar a la sociedad de la barbarie capitalista.

Con datos de Masas.